Guilherme Kastrup editó “Kastrupismo”

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El poderoso interior de la música.

Para el percusionista y productor brasilero, quien acaba de editar su primer disco solista, el trabajar con el eje en tramas rítmicas y percusivas permite una forma de exploración musical que enriquece la mirada armónico melódica.

Diego Oscar Ramos – Fotos: Cristina Sanchez\Gal Opido

Es cierto que la palabra viaje y todas sus probables derivaciones han sido utilizadas de cientos de maneras para asociarlas a la música, pero frente a un disco como “Kastrupismo”, primer trabajo expresamente bajo su nombre del músico brasilero Guilherme Kastrup, no sólo debería permitirse un nuevo abrazo de sentido entre los sonidos organizados y variadas formas del desplazamiento. Y es que moverse con la mente y el cuerpo es lo que permite el entramado sónico diseñado por el percusionista y productor musical, reconocido por su trabajo junto a músicos como Arnaldo Antunes, Adriana Calcanhoto, Chico César, Zeca Baleiro o Tom Zé, es una inmersión muy disfrutable en paisajes sonoros que saben combinarse con cierta estructura de la canción popular brasilera más experimental sin que el flujo llegue nunca a pedir una atención específica a ideas transportadas por la palabra. Es más bien un andar fluido lo que se da a través de las 12 estaciones de este tren hecho a base de capas y capas de sonidos ensambladas con don de collage virtuoso, con tanta pericia que el mismísimo Tom Zé, al trabajar con Kastrup en uno de sus discos, instituyó con fuerza de ley como “kastrupismo” a esa manera de procesar y reprocesar fragmentos de sonido, generalmente de base rítmica percusiva, para crear una tela sonora muy efectiva y seductora. Claro que si ya venía trabajando para muchas producciones esta técnica del cortar y pegar, además de procesar y reprocesar, el tiempo, la madurez y la influencia de músicos como Naná Vasconcelos, Ramiro Musotto o Marcos Suzano lo fueron llevando al diseño progresivo de su propio registro autoral. Así, con la base inicial de trabajar sobre tracks que tomó de producciones hechas para algunos músicos amigos, al reprocesamiento le siguió la invitación de más músicos a su estudio, para que agregaran capas nuevas, muchas de ellas a pura improvisación, que fueron recibiendo también sucesivos tratamientos digitales, cuando el oído de Kastrup lo creyó necesario.

El resultado final es un disco que logra ser tan urbano como tribal, donde la presencia del aspecto percusivo rítmico como eje esencial deja espacio suficiente para que no sólo sean formas de la hipnosis lo que nos lleve de paseo, sino también la aparición de instrumentos tan afectos a la labor armónica como el piano ultra creativo y bien presente de Benjamín Taubkin. Claro que este detalle, que habla menos de cualquier clase de ultra novedad sonora que de la sorpresa agradable de esta combinación específica, habla de una marca de identidad de “Kastrupismo”. Porque tal vez sea lo más notable del disco su justa combinación entre elementos que suenen sorpresivos y otros que generen cierta satisfacción de lo que podemos procesar sin que el cerebro se sobrecargue de estructuras que le sean totalmente desconocidas. En ese sentido, el uso de la voz del sambista Cartola, tomada de una entrevista y vuelta elemento rítmico expresivo, una especie de neo rap sobre base nordestina, bien puede remitir a viejos trabajos de Hermeto Pascoal, pero más como huella de un camino ya recorrido, que siempre se circula con la propia impronta. Por eso, la sensación de lo sabido permite abrirse a nuevas configuraciones, que incluyen ritmos que van mutando, en la naturaleza interna de cada tema, en muchos casos o en el traslado que va proponiendo la grabación por regiones sonoras que pueden remitir a geografías específicas o a géneros, pero más como referencia que nos permite apoyar la escucha, pero nunca clausurarla. Para lograr este efecto, Kastrup se ha acompañado de ases como Paulo Tatit en bajo, Edgard Escandurra en guitarra, Ricardo Herz en violines o Sacha Amback en sintetizadores y sampleos de cuerdas, entre muchas otras participaciones, incluyendo la voz de Arnaldo Antunes. El recorrido integral tiene tanto del Kastrup que toca todo tipo de instrumentos acústicos o electrónicos de percusión, como del que reconoce las leyes de la producción musical. Ese diálogo sutilmente balanceado entre todos los músicos que habitan en él vuelven a este disco un muy buen momento, que se va construyendo del principio hasta el final, donde, como reza el músico al final de esta entrevista, ojalá todos salgamos distintos luego de haberlo escuchado.

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